I hate her.

Ella es hermosa.
Todo el mundo la mira.
Todos la desean, incluso yo.
Pero a su lado me siento común,
corriente, invisible.
Y la odio por eso. Y mi odio me hace amarla todavía más.
...No sé qué sentir cuando la veo.

Ella es bonita.
Todos la adoran.
Todo mundo la admira. Igual que yo.
Pero a su lado me siento, torpe, inútil, cobarde. Y eso me hace odiarla.
La odio con rabia hasta el punto en que la amo con locura, pero la he matado
más de una vez, en más de mil formas en la trastienda de mi confundida cabeza.

A veces creo que es por su atormentada belleza,
o su extraña forma de ver el mundo.
O su cordura, que de un momento a otro podría precipitarse al vacío.
A veces quisiera salvarla de ella misma.
Otras, contribuiría para hundirla en el fango.
La detesto, pero el amor que le tengo me hace sentir culpable.
Aunque en realidad, no sé qué sentir por ella.
No sé si amarla ciegamente como el resto del mundo.
No sé si odiarla con fervor.

Ella es una espina enterrada en el pie de mi patético amor propio.
La odio, pero no imagino una vida sin ella.
La amo...pero no puedo tolerar toda una vida, invisible bajo su sombra.

Entradas populares de este blog

Soliloquio

Farewell, lover.

Cicatrices.