La niña que sólo sabía de mariposas.
Ella me pidió comprensión, yo se la dí sin ningún reparo.
Porque sabía que lo necesitaba, es tan joven.
Y yo también soy joven...
Pero las decepciones se han encargado de hacerme envejecer un poco.
Ellos me cortaron las alas, yo se los permití ciegamente.
Porque prometieron sin palabras que me enseñarían el mundo sin volar,
pero lo único que me enseñaron del mundo, fue un pedazo de suelo.
Era ingenua, así como ella...
y mi amor se hizo áspero y frío, como ese pedazo de suelo del que jamás despegué.
Y yo estaba sentada junto a tí.
Me tenías ahí, e intentaba decirte sin palabras:
"Ojalá ellos también me hubieran comprendido,
tal vez así, hubieran entendido, que me dolía estrellarme una y otra vez en el duro asfalto de la decepción".
Pero tú tampoco supiste descifrarlo,
porque tú sólo conoces de mariposas en el estómago,
sólo sabes mirar con dulzura, de palabras bonitas y de promesas.
Y yo lo único que puedo ofrecerte, son trozos de alas azules,
miradas lejanas, palabras vacías y desengaños.
Ella pensó que al abrir mi corazón,
encontraría todo lo que buscaba afuera,
se enamoró de una acartonada cara bonita
que no tenía nada que ofrecerle, más que un vacío que daba frío.
La niña qué sólo sabía de mariposas,
miradas dulces y palabras bonitas,
sólo atinó a correr, desesperada, colina abajo.
Corrió a refugiarse con brazos desconocidos,
buscando el calor que le había arrebatado ese hueco donde sólo había frío.
Ella me dijo que me fuera, porque mi presencia era una espina constante en su cabeza,
y yo me dí la media vuelta, sin quejarme.
Tal vez si hubiera dicho, suplicante:
"Entiéndeme tú también a mí, ¡yo no pedí ser esta persona acartonada!",
la hubiera retenido a mi lado, me besaría, curaría mis heridas y llenaría mi vacío con su amor infantil.
Me hubiera hecho sentir la calidez de su primavera en el alma,
llenarme de mariposas el estómago.
Tal vez algún día, ella me hubiera hecho sentirme de carne y hueso...